martes, 20 de marzo de 2007

NADA


Carmen Laforet ganó el Premio Nadal en su primera edición, a principios de 1945, un año duro, en el que casi todos podrían pensar que el mundo se había vuelto loco. Estaba a punto de finalizar la II Guerra Mundial, esa salvajada de una supuesta civilización, mientras en España se vivía una terrible posguerra, llena de rencores, de hambre y de autarquía. Una Europa desangrándose, negra de odio, y una España que hacía lo que podía por volver a renacer entre las cenizas. Así no creo que fuera fácil ser optimista o hedonista, más bien esas circunstancias orteguianas conducían inexorablemente al existencialismo o al nihilismo.

El Premio le supuso 5.000 pesetas de la época y la publicación de la novela, “Nada”, que así se titulaba. Para unos era una novela insulsa, sin estilo ni valor literario. Sin embargo, grandes autores, como Azorín, la definieron como “magistral” o como una “buena novela” (Ramón J. Sender).

“Nada” (significativo título) es mucho. Es una antigua pero vigente novela. Cuenta una historia oscura, pesimista, de seres sin sueños ni esperanzas, hambrientos y malvados. Un mundo hostil visto desde los apagados ojos de una chica ingenua y resignada, triste y paupérrima. Es un excelente relato de la miseria moral y económica en una sociedad hipócrita y moralmente destruida. La imagen de la escritora, Carmen Laforet, en una pequeña fotografía de la contraportada, refleja a una mujer también triste y apagada, magra y gris, como la protagonista de su novela. Es en definitiva una historia de nada, de un costumbrismo negativo y duro, pero que constituye un análisis sociológico de la época muy interesante.
Es curioso el tratamiento que da a un asunto tan en boga actualmente, para desgracia de las mujeres y vergüenza de los hombres, como son los malos tratos machistas. En la novela se puede observar, no sin cierta estupefacción, la consideración que le merecían a una mujer de entonces. No escandalizaba, se consideraba algo íntimo, en lo que por tanto no cabía inmiscuirse, y comprensible, justificable en cierta medida. Afortunadamente, en ese tema y en otros que centran la novela, como la miseria, la hipocresía social, etc., creo que algo hemos evolucionado, aunque quede mucho camino por recorrer. Tal vez si la novela retratara nuestra sociedad actual, tan globalizada, en lugar de “Nada” podría titularse “Algo”. Quiero creer que sería así.

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