miércoles, 21 de marzo de 2007

EL MAGO Y EL POLÍTICO

El mago hizo un gesto y desapareció el hambre. Hizo otro gesto y desapareció la injusticia. Hizo otro gesto y se acabó la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago.” Esta frase que leí en algún sitio creo que define bastante bien a los políticos, que generalmente no son un medio para conseguir un fin, sino que son un fin en sí mismos. Profesionalizan la carrera, se establecen sustanciosos emolumentos y mejores pensiones, de forma que una vez que han conseguido un cargo de cierto nivel, ya saben que el futuro está en buena medida garantizado. Muchos son corruptos (hay muchas formas de corrupción, unas más sutiles que otras), la mayor parte demagogos, y suelen hacer gala de doble moral. Los sindicatos han derivado (quizá no hay tal derivación, y ya desde el origen eran así) en algo parecido, y al final, los auténticos poderes fácticos, literalmente hablando, son ellos (políticos y sindicatos) y quienes los integran. Desde luego que hay excepciones, pero son pocas, y generalmente quienes con su conducta desmienten este análisis, no suelen hacer carrera, se quedan por el camino, relegados, desengañados. Los políticos han prostituido la Política. El mago de esa frase es el peor enemigo del político, porque si los verdaderos problemas desaparecen, los políticos se convierten en superfluos, prescindibles. Por lo tanto, necesitan los problemas, y si no los hay, los crean. En fin, no sé si ha quedado clara mi opinión acerca de los políticos en general.

3 comentarios:

Isabel Burriel dijo...

Pues sí, creo que sí y me sumo a tu opinión.

Anónimo dijo...

Y claro... todo esto empeora, más, cuando las personas, los ciudadanos, se toman a los políticos y a sus partidos como ídolos y equipos de fútbol. Ya se sabe... con "mi Betis aunque pierda"... No mire, mire, si el político, sea del color que sea, tiene que tomar decisiones y la caga... aquí perdemos (y ganamos) todos, repito, todos.

JAVIER dijo...

Efectivamente, ponemos demasiadas cosas importantes en sus manos, y, generalmente, la responsabilidad les queda grande