Ayer fue el día de la mujer trabajadora. No voy a valorar lo del “día de”, si es útil o no (quizá en otra ocasión lo haga). En lo que sí me quiero detener es en el tema a que se dedica. Afortunadamente, en el mundo occidental la mujer va consiguiendo poco a poco mayores cotas de igualdad con respecto al hombre, aunque creo que aún insuficientes. Debe avergonzarnos que aún existan casos (muchos, según parece) en los que a igual trabajo, se le asigna distinto salario, según sea hombre o mujer quien lo desempeñe. Entiendo que eso es responsabilidad de las empresas que así contratan, pero también de los legisladores y del sistema judicial que no actúa de forma contundente para evitarlo. Resulta también preocupante que aún hoy se considere como algo sorprendente que una mujer pueda llegar a ser presidente de los EE.UU. o de España o alta directiva de alguna compañía mercantil. Si nos sorprende es porque nos resulta anormal. No es de recibo. Es evidente que hay mujeres más capaces que muchos hombres y al revés, pero su capacidad intelectual o profesional no depende de su sexo, sino de su cerebro y de su actitud. Parece absurdo hacer estas afirmaciones, porque no debería existir duda alguna, pero resulta que no todos lo tienen tan claro (y no hace falta ir a países árabes). Debemos exigir a través de nuestro voto que no exista esa discriminación, pero también tenemos mucho que hacer en terrenos más próximos: en nuestra casa, en nuestro trabajo, en nuestra vida en general. Lo contrario sería injusto e hipócrita.
1 comentario:
Lo siento, lo percibo. Alguna vez las mujeres dominarán el planeta. Verán que es bueno y descansarán. (No es feminismo, eh)
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