
En marzo de 1993 (qué mes y qué año tan tristes) el New York Times publicó una terrible foto, que habría de ganar el Premio Pulitzer, en la que se veía a una niña sudanesa con terribles síntomas de desnutrición, de cuclillas con la cabeza entre sus manos, aparentemente moribunda, mientras, unos metros detrás, un bien cebado buitre la observaba, paciente, a la espera de que la cena estuviera lista. La imagen es estremecedora y a cualquiera le remueve interiormente. Su autor, un tal Kevin Carter, se suicidó al cabo de unos meses de tomar la foto y de recibir el premio. Recientemente, se publicaba en un periódico un artículo acerca de esa, en todo caso, triste historia, para rebatir todos los comentarios que han inspirado en todo este tiempo ambos hechos: la niña moribunda amenazada por el buitre y el suicidio de quien la inmortalizó (menuda paradoja), presumiblemente acorralado por los remordimientos de no haberla salvado llevándosela consigo, por ejemplo. Ni una cosa ni la otra, defendían los articulistas, es decir, la niña no se estaba muriendo, sino que simplemente estaba haciendo sus necesidades, y el fotógrafo no se suicidó por remordimientos, sino que estaba un tanto desequilibrado desde hacía tiempo, y unos días antes había perdido a uno de sus mejores amigos, hecho que actuó como desencadenante. No sé si es cierta esta última versión de la doble historia, aunque tiene visos de verosimilitud (de hecho los articulistas aportaban otra fotografía similar realizada posteriormente en que una niña estaba aparentemente bien de salud y aparecía en el mismo sitio, con un par de buitres detrás, sin que hubiera ningún indicio de que estuviera a punto de morir y de ser devorado su cadáver por los carroñeros). Sin embargo, en la foto famosa la niña tenía un aspecto de grave desnutrición, lo cual no sucede en la segunda. En fin, sea como fuere, el caso es que en realidad viene a ser lo mismo. Si esas niñas no estaban moribundas, eso no desmiente que haya muchas otras que sí lo están en África, en Sudamérica o en Asia; que hay muchos buitres (algunos con corbata y ocupando altos cargos gubernamentales), que se aprovechan de esa situación para enriquecer su insaciable cartera; que nosotros morimos de exceso de comida y los menos afortunados por su falta; y, que debemos reflexionar primero, y, luego, actuar, poniendo un poquito de nuestra parte para que esa situación se equilibre, los buitres se vayan al muladar, y los niños a jugar.
4 comentarios:
Lo leí en el periódico. La verdad es que me impactó tanto que casi me pongo a llorar. Se me antojaban miles de preguntas para hacerle al fotógrafo, si no se hubiera suicidado, claro.
Sí, es realmente horrible la fotografía. La soledad de la niña, su debilidad, su desamparo...
Te recomiendo leer "Un hombre con un tenedor en una tierra de sopas" de un periodista catalán y crítico de música que no recuerdo el nombre ahora. Muy al hilo de todo lo que escribes.
Tomo nota. Me informaré del autor.
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