Su mirada verde, reflejo de un mar de hierba, inundaba mis pensamientos y sólo el café que humeaba entre mis manos logró rescatarme de su añoranza. Me levanté, pagué al camarero gris de chaleco negro y decidí salir a buscarla de nuevo, al alba, entre las ruinas del silencio, atravesando las brumas de su olvido.
2 comentarios:
¿La encontraste?
Sigo buscando ;-)
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