Muchas veces no nos damos cuenta de que, aparte de nuestro mundo cotidiano, existe otro, que no solemos ver más que de pasada, que cuando alguien (la televisión por ejemplo) nos lo muestra en toda su crudeza, nos conturba. Me refiero al de las personas condenadas a sobrevivir con unos pocos euros cada mes o ni siquiera eso. Cada día es una lucha por sobrevivir, no saben si comerán, si, aún teniendo esa suerte, lo harán una sola vez, o si la comida merecerá ese nombre. Además, el mundo suele serles hostil, son despreciados, marginados, apartados. Muchos no se atreven a mirarles, los evitan, los recluirían en algún sitio alejado, si de ellos dependiera. Y, aparte de lo injusto, lo inhumano, lo inmoral y tantos otros adjetivos como me merecería esa actitud, que, he de reconocerlo, a mí tampoco me es ajena, creo que no deberíamos olvidarnos de que nadie está libre de acabar así un día cualquiera. La mala suerte no siempre se ceba con los demás. El azar a veces tiene ese extraño sentido del humor y lo que hoy es fúlgido, mañana puede ser roñoso. La próxima vez que me encuentre con uno de estos “sin techo” o “descamisados” recordaré que la única diferencia entre él y yo se llama “suerte”.
jueves, 18 de enero de 2007
UN PUÑADO DE SUERTE
Muchas veces no nos damos cuenta de que, aparte de nuestro mundo cotidiano, existe otro, que no solemos ver más que de pasada, que cuando alguien (la televisión por ejemplo) nos lo muestra en toda su crudeza, nos conturba. Me refiero al de las personas condenadas a sobrevivir con unos pocos euros cada mes o ni siquiera eso. Cada día es una lucha por sobrevivir, no saben si comerán, si, aún teniendo esa suerte, lo harán una sola vez, o si la comida merecerá ese nombre. Además, el mundo suele serles hostil, son despreciados, marginados, apartados. Muchos no se atreven a mirarles, los evitan, los recluirían en algún sitio alejado, si de ellos dependiera. Y, aparte de lo injusto, lo inhumano, lo inmoral y tantos otros adjetivos como me merecería esa actitud, que, he de reconocerlo, a mí tampoco me es ajena, creo que no deberíamos olvidarnos de que nadie está libre de acabar así un día cualquiera. La mala suerte no siempre se ceba con los demás. El azar a veces tiene ese extraño sentido del humor y lo que hoy es fúlgido, mañana puede ser roñoso. La próxima vez que me encuentre con uno de estos “sin techo” o “descamisados” recordaré que la única diferencia entre él y yo se llama “suerte”.
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3 comentarios:
No sé...
Yo he pensado mucho sobre la suerte a lo largo de mi vida. En el azar también.
Creo, que una parte sí depende del azar (en la suerte no acabo de creer) pero la mayor parte depende de nosotros.
Pero, aún así, es un tema complejo. Y recurrente.
Saludos
Gracias por tu comentario, Camille. Cuando veo, por ejemplo, a los masacrados de Darfur, en el que el terror es una realidad cotidiana, no puedo menos que pensar que un niño que nace allí ha tenido mucha menos suerte que otro que nace en un País normal y su capacidad para modificar esa suerte es nula. Creo que la suerte, y el azar como bien dices, son determinantes. A veces tenemos la oportunidad de luchar contra ambos y rectificar su rumbo, pero sólo a veces.
En ese caso está claro que es el azar, sí. Nada ha podido hacer ese niño para nacer allí, y probablemente sus padres tampoco.
Es muy curioso el tema del azar. En los casos que comentas deberíamos de sentirnos muy "suertudos" por haber nacido aquí o más bien por no haber nacido en otro sitio..
Aunque luego está la otra cara de la moneda..
Lo dicho, muy curioso..
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