viernes 12 de enero de 2007

AL AMANECER (VI)

Cada vez las piernas le pesaban más, iba arrastrando los pies, como un condenado que, resignado, ha perdido su rebeldía, sus ansias de victoria. No podía refugiarse de tantos pensamientos preñados de pasado, y todo lo que había aprendido en el campo de entrenamiento parecía ahora anacrónico y hasta ridículo. Su decisión, inamovible hasta entonces, parecía revelarse un tanto fatua. Pero debía abstraerse, no darle tantas vueltas. No dejaba de ser lógico, se trataba de las dudas que ya le habían anunciado le acecharían cuando llegara el momento, el temor que también atormentó a los grandes héroes justo antes de llevar a cabo su hazaña. Debía seguir adelante, al final todo tiene su encaje en el gran rompecabezas y la visión del conjunto es lo que lo dota de sentido. No había de qué preocuparse, a la hora de la verdad todo resplandecería.
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(Continuará)
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