......
Es seguro que no se dio cuenta de nada, de cómo aquella última tarde la había contemplado en silencio, de hito en hito, cuando no se percataba, observando sus movimientos ágiles, esa manera tan suya de apartarse el cabello del rostro, con esa decisión que se reflejaba en todo lo que hacía, en sus gestos, en sus miradas insolentes, en sus palabras, como dardos, a veces dolorosas y otras seductoras. Laura se había sobresaltado cuando le cogió la mano, pero lo achacó a un arrebato romántico, por otro lado no desacostumbrado en él, y le puso la suya encima y le miró tiernamente, a los ojos, ladeando su cabeza, en un gesto infantil, con su sonrisa encantadora. Y habló de mañana, de los ordinarios planes para un lunes rutinario y anodino, sin saber que ese mañana ya sería en singular, cada uno por su lado, lejos, separados. Él tenía ventaja, y trató de saborear cada momento de ese último día, de aquel presente que poco a poco se iría embadurnando de pasado, del tiempo muerto que todo lo contamina, y lo destruye, lo confunde, lo entierra, lo oculta. Laura también acabaría por comprender que no somos más que un collage de pasados, y que el futuro, cuando se transforma en presente, no es más que una suma de “ayeres”, y tal vez de “ayes”. Recordaría otros momentos menos cercanos que el azar o su sensibilidad habría conservado, sin intervención de su voluntad, sin querer, porque sólo tiene sentido memorizar cuando se sabe que se va a perder, que no habrá más oportunidad de construir recuerdos. Y, al final, todas las imágenes se acabarían distorsionando, mezclando, amoldando, hasta que la imaginación terminara transformándolas a su antojo, y cada vez habría menos de él y más de ella en esos recuerdos ya poco acuciantes.
.....
(Continuará)
Copyright: JLL. Madrid, 2006. Todos los derechos reservados.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada